Cuando alguien que vive en un piso alto se plantea cambiar las ventanas, el miedo suele ser el mismo: que haya que montar un andamio, pedir permiso al ayuntamiento para ocupar la acera y que la factura se dispare. Vale la pena quitarlo de en medio enseguida, porque no es así.
El trabajo se hace desde dentro
Cambiar una ventana en una vivienda ya construida no requiere trabajar desde la fachada. Todo el proceso —quitar la ventana vieja, colocar la nueva, anclarla y sellarla— se hace desde dentro de casa. Da igual que sea un primero o un quinto.
Eso significa tres cosas muy concretas para ti:
- Ningún andamio. Ni el coste de montarlo y desmontarlo, ni los días que está ahí.
- Ningún permiso de ocupación de vía pública. Si no se ocupa la calle, no hay trámite ni tasa municipal.
- Ninguna dependencia del tiempo ni del vecino. No hay que acceder a ninguna azotea ni a ningún balcón que no sea el tuyo.
Cómo se quita la ventana vieja sin salir fuera
Es la parte que más cuesta imaginar. Se hace por orden, y siempre hacia dentro:
- Se desmontan las hojas. Salen de sus ejes y se retiran.
- Se saca el vidrio de los marcos fijos, protegido, hacia el interior.
- Se corta y se retira el marco viejo. Aquí es donde se ve la diferencia entre trabajos: nosotros quitamos todo el marco antiguo, no dejamos su carcasa para montar encima la ventana nueva.
- Se coloca y se ancla la ventana nueva a la obra, con tornillos de alta resistencia.
- Se sella todo el perímetro y se rematan los acabados por dentro y por fuera, trabajando desde el hueco.
En ningún momento hay que colgarse de la fachada ni trabajar desde el exterior del edificio.
Lo hacemos así siempre
Retirar el marco viejo entero y anclar a la obra es nuestro método estándar, no un extra. Tiene consecuencias reales en el aislamiento: si se deja el marco antiguo debajo, el puente térmico sigue ahí.
Cómo instalamos, paso a pasoEntonces, ¿por qué se habla de andamios y grúas?
Porque hay un caso en el que sí pueden aparecer, y conviene ser claros: no para hacer el trabajo, sino para subir el material.
Una ventana normal sube por la escalera o por el ascensor sin problema. Pero una corredera grande —pongamos de 2,5 metros— puede no pasar por el rellano ni caber en el ascensor. En ese caso hay que subirla por fuera con una plataforma elevadora, que es una cuestión de logística, no de instalación.
Es una situación poco habitual y, cuando se da, se detecta en la visita de medidas y se dice antes de cerrar el presupuesto. Nunca aparece como una sorpresa en la factura.
Qué pasa en casa mientras se hace
Se trabaja ventana por ventana. Cada hueco se empieza y se termina el mismo día: nunca se queda un agujero abierto en la fachada durante la noche. Puedes hacer vida normal en el resto de la casa y, en la mayoría de pisos, todo se resuelve en una jornada o dos.